La Taquería

La Ley Bonilla (y algo más)

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Baja California, además de tener una posición geopolítica de sumo interés para el país, siempre ha sido una especie de laboratorio de la política nacional. Fue el primer estado no gobernado por el PRI en toda la historia y ahora, gracias a la decisión del congreso local (cuya composición es mayormente de legisladores sin partido), se convirtió de manera oficial en la primera entidad cuyo edil gobernará por un periodo mayor del que había sido electo. Para entender este asunto, es indispensable analizar un par de cosas primero.

Antes -a nivel nacional- los ciclos electorales estaban desfazados y ahora la elección de los nuevos gobernantes se acomodó de tal manera que cada tres años coincidan ya sea con las elecciones presidenciales o con las elecciones intermedias, esto segundo siendo el actual caso de Nuevo León, por poner un ejemplo. Para el INE, esto representa un alivio tanto en términos administrativos como estructurales, pues esta medida mantiene los puntos álgidos cada tres años, pero ya sin los esfuerzos extras que suponían elecciones, por ejemplo, un año después de las presidenciales (como en el caso de Baja California). Incluso, si nos emocionamos un poquito, la medida permite la adecuada profesionalización y capacitación del personal del Instituto y eventualmente podría permitirles concentrarse en temas relacionados con la investigación y actualización del sistema en general para hacerlo cada vez más eficiente.

No obstante, la llamada “Ley Bonilla” tiene sus trucos. En Baja California, en lugar de promover que su mandato durara los cinco años que actualmente va a durar -claro, después de que prácticamente se están brincando la Constitución- inicialmente se planteó que fuera por dos años. ¿Que por qué dos años? Porque hay intermedias en 2021 y, dependiendo de cómo nos la venda el presidente (ya sea como consulta, referéndum, votación, plebiscito, encuesta o rifa), cabe la posibilidad de tener una boleta más en la intermedia. “Entre más elecciones puedan coincidir, mejor para Morena”: esa era la consigna. Pero claro, si un candidato se queda por tan sólo dos años, entonces “hay muy poco tiempo para hacer que las cosas cambien”, ¿verdad? Pues, señor Bonilla, le recuerdo que los diputados están tres años en el Congreso y sin derecho a periodos inmediatos, tal como a usted le tocó, así que no hay excusas.

En varias ocasiones lo he comentado tanto en este espacio y me repito: este tipo de jugadas siguen siendo parte de la fase experimental en la que se encuentra Morena para probar cuánto crédito tienen con la gente. No hay mejor indicador para saber si un partido seguirá en el poder que el número de personas que le siguen aprobando. Los treinta millones bastan y sobran para continuar con la racha de triunfos en el país; y a eso hay que sumarle que las participaciones en elecciones locales apenas rozan el 30% del padrón.

De esta no se salieron tan bien librados como con el tema del aeropuerto, o el del combate al huachicol, o la refinería, o el Tren Maya, está claro. Ya no sólo la opinión pública y las redes están en contra de la medida, sino que personalidades como Ricardo Monreal o el propio Andrés Manuel han tenido que desmarcarse del acontecimiento, a diferencia de Yeidckol Polevnsky, quien defiende a capa y espada la ampliación del mandato. Eso sí, dentro de todo este embrollo que pareciera desgastar a Morena, la movida le está abriendo horizontes donde hay margen de crecimiento. En concreto, la relación de Tatiana Clouthier con Morena y su distanciamiento estratégico son claves para la construcción del relato de cara a 2021, pues es bien sabido que la plataforma de Obrador, en general, no es del agrado de los neoleoneses.

“Sí, Morena me da su apoyo, pero yo no me dejo mangonear por los intereses de ningún partido político como tantas veces ya quedó demostrado”. ¿A poco no les suena?

Carlos Escamilla
Acerca de Carlos Escamilla
Internacionalista regio con experiencia en docencia. Estudiante del Máster en Marketing Político y Comunicación Estratégica de la Universidad Autónoma de Barcelona.