La Taquería

Trump y PEMEX: dos problemas que agravan el panorama de México

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La semana pasada el país sufrió dos embates que pusieron a la economía a temblar. Por un lado, el presidente de Donald Trump amenazó con imponer aranceles a todas las importaciones mexicanas si el país no colaboraba con la política migratoria estadounidense. Por el otro lado, Moody’s y Fitch ajustaron las calificaciones de la deuda soberana y de PEMEX. Si bien la primera se mantiene en niveles de inversión, la de Petróleos Mexicanos descendió al umbral de especulación (“bono basura”). Eso significa que el precio de los bonos de la petrolera será más bajo y la tasa de interés a pagar será más alta. Esto se traduce en mayores complicaciones para el financiamiento de la petrolera más endeudada de todo el mundo.

Según la calificadora Fitch, el ajuste en la calificación de PEMEX es debido al panorama de incertidumbre que genera la paraestatal, referente a su alto apancalamiento y a sus bajos de niveles de producción. Asimismo, la incertidumbre aumenta en tanto que PEMEX se encargará de la construcción y operación de la refinería en Dos Bocas; una inversión que para muchos es inviable financiera y operativamente. Además del aumento en el gasto por las condiciones del terreno y el tipo de crudo de la región, el costo de oportunidad de la inversión es considerable. Dentro de la industria petrolera, la refinación es el proceso menos rentable. El gobierno mexicano debería enfocarse en su ventaja comparativa, reorientando esa inversión a exploración y a impulsar la producción de PEMEX.

Por otro lado, si bien se han implementado estrategias para reactivar a la petrolera, a través de capitalización y reasignación fiscal, entre otras, estas no parecen disminuir la incertidumbre alrededor de la paraestatal. El gobierno mexicano todavía no entiende que el problema de PEMEX no es solamente de liquidez, sino de solvencia. 

Paradójicamente, la insistencia de AMLO de apuntalar nuevamente a Petróleos Mexicanos como una gran petrolera que vuelva a aportar sustancialmente a los ingresos federales puede significar el último clavo de su ataúd. Y lo que resultaría peor, su situación financiera podría arrastrar consigo a las finanzas públicas y mermar la estabilidad macroeconómica del país. 

El otro tema no tiene su causa en las malas decisiones de este gobierno, aunado a la corrosiva corrupción del sexenio pasado, sino que alude a una variable exógena. Algunos parecen estar sorprendidos de la asimetría de poder entre Estados Unidos y México. Eso no es algo nuevo, desde el nacimiento de México como país, la relación entre ambos países es de subordinación. Empero, el contexto global de antaño jugaba a favor de México. Sobre todo, en el contexto de la Guerra Fría, en la cual Estados Unidos buscaba evitar la propagación del comunismo en América Latina. Esto le permitía a México tener una moneda de cambio para apaciguar dicha relación.

Por otro lado, el problema de la migración no es algo reciente. Desde la segunda mitad del siglo pasado, la confrontación por la migración y el narcotráfico han sido temas centrales en la política exterior con Estados Unidos, tal que condicionaban los acuerdos de comercio entre ambos países. 

El gobierno mexicano debe entender que la amenaza de los aranceles no es un asunto comercial, ni siquiera un asunto migratorio, sino un asunto totalmente electoral. Trump, el presidente pragmático por antonomasia, ya apunta a las elecciones del próximo año. Sabe que colocar a los inmigrantes como chivo expiatorio, culpándolos de todos los males que sufre Estados Unidos, lo puede llevar nuevamente a ganar los comicios federales. 

Era necesario evitar la imposición de aranceles, si bien el tipo de cambio hubiera absorbido en su totalidad el arancel de cinco por ciento, el costo del servicio de la deuda hubiera aumentado y la incertidumbre que el país vive se hubiera intensificado. Sin embargo, el costo de evitar lo anterior es sumamente alto, ya que le otorgamos el poder a Trump de jugar la carta de los aranceles cuando crea que México no está cooperando. 

Nos comprometimos a fortalecer los esfuerzos en la frontera sur, lo que se traduce en regresar a más migrantes centroamericanos, así como recibir a aquellos que sean deportados desde Estados Unidos. Trump no entiende que la ola de migración proveniente de Centroamérica es culpa, en parte, de la política exterior de Estados Unidos. La desestabilización de esos países fue generada por el gobierno estadounidense en los años ochenta, poniendo y quitando dictadores, y generando pobreza y marginación. 

Estamos a merced de un megalómano que hará cualquier cosa para poder mantenerse en el poder, incluso si en el intento aniquila a sus socios comerciales. Trump está dispuesto combatir por la victoria -y ganará- sin importar que sea una victoria pírrica. 

Horacio Reyes Rocha
Acerca de Horacio Reyes Rocha
Estudiante de la licenciatura de Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y de la licenciatura de Economía en el ITAM. Intereses: Sociología económica y análisis del pensamiento económico.