La Taquería

#ElTalónDeAquiles: “Cocteles peligrosos”

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Este 28 de junio se celebra el “Día Internacional del Orgullo”. Como lo expliqué en 2017, podemos debatir del sentido político de las marchas de la diversidad, y como lo aduje en 2018, los progresos realizados por la comunidad LGBTIQ+ (Lesbiana, Gay, Bisexual, Transgénero, Queer, o en cuestionamiento) son innegables. Sin embargo, existen problemas que acrecientan su precariedad, entre ellos un oscuro coctel cuyo resultado puede ser la muerte. Considerado por separado, cada ingrediente no presenta un peligro inmediato, con la notable excepción del tercero. Paso a detallar los componentes de la mezcla.

El primero son las redes sociales y los saunas gais, los cuales pueden crear todo tipo de situaciones, pero rara vez la muerte. Vivimos en un mundo de redes sociales en donde muchos, heterosexuales o no, utilizan aplicaciones para conocer nuevas personas, ya sea para tener sexo inmediato o para establecer relaciones afectivas. Mucho se podrá discutir sobre las consecuencias del hecho, pero nada lleva, salvo excepciones, a la muerte prematura. Vivimos también en un mundo en donde, a pesar de los embates contra la tolerancia, se han logrado proteger espacios subculturales de encuentros sexuales propios a la comunidad LGBTIQ+. De nuevo, se puede discrepar sobre su conveniencia, pero más allá de argumentos fundamentalistas, religiosos, puritanos, moralizadores, y otros, lo cierto es que estos espacios siempre existieron, claro, con distintos grados de permisividad y de represión según las épocas y las culturas.  

El segundo ingrediente del coctel es la profilaxis preexposición (PrEP), uno de los avances científicos recientes más notables, pues logró convertir al VIH, una sentencia de muerte, en enfermedad crónica. Pero la PrEP también mandó el condón al olvido. Subsecuentemente, se registra un aumento de otras enfermedades sexualmente transmisibles. Y aunque la PrEP no protege al 100% del VIH y que nuevas cepas de virus son más resistentes a los antibióticos (ver el caso de la gonorrea), es innegable que, por el momento, los virus contraídos por los usuarios de la PrEP, tienen cura. Ahora bien, si se une el olvido del condón al acceso instantáneo a sexo por medio de aplicaciones, es fácil observar cómo crecen las probabilidades de contagios sexualmente transmisibles. El sexo seguro ya no está a la moda pues el VIH ya no genera miedo.

El tercer elemento del coctel es el Chemsex o PnP (party & play), cuyo principio es tener sexo bajo la influencia de drogas químicas. En este universo, el cual es decididamente mucho más peligroso que los anteriores, las metanfetaminas, mejor conocidas como Crystal Meth, pero que usualmente se mezclan con ácido gramma-hidroxibutírico (GHB), o “droga de la violación”, ocupan un espacio central. Aunque el Crystal, una droga altamente adictiva (puede ser hasta 1000% más fuerte que la cocaína), afecta a todos los grupos y estratos sociales, parece estar particularmente asociada a la comunidad LGBTIQ+. Según el Instituto nacional de salud pública de Quebec (INSPQ), 8,3% de los hombres que tienen sexo con otros hombres que participaron a una encuesta de salud sexual en diciembre de 2018, dijo haber consumido Crystal al menos una vez en los últimos seis meses. La desinhibición y, con ella las conductas sexuales más riesgosas, son el común denominador. 

Súmese la errónea percepción que estas drogas son recreativas, la sensación de invulnerabilidad ante el VIH (proporcionada por la PrEP), y el fácil acceso al sexo por medio de las aplicaciones, y se obtiene un coctel sumamente peligroso con el todos y todas, pero en especial la subcultura LGBTIQ+, debemos lidiar. Acepto que mi análisis es rápido, superficial, y que cada uno de estos elementos merece un espacio amplio para una reflexión profunda y detallada. Mi punto es el siguiente: en este mes del orgullo gay, se celebran las luchas dignas y solidarias de esta comunidad. Hay lugar para la gratitud y la celebración, pero debemos recordar el camino que queda por hacer para preservar ese orgullo tan difícilmente ganado y para asegurar nuestra supervivencia individual. Hoy, miembros de esta comunidad mueren como resultado de este coctel, y por ello, la lucha debe continuar. 

Fernando A. Chinchilla 

Montreal (Canadá), 11 de junio de 2019