La Taquería

La gran ausente en las elecciones 2019: la participación ciudadana

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Este dos de junio se celebraron elecciones ordinarias y una extraordinaria en seis entidades de la República. 

Es una realidad que, en aquellas elecciones recurrentes con la presidencial, la ciudadanía acude en mayores cantidades a emitir su voto a las urnas el día de la jornada. Sin embargo, excluyendo quizá el caso de Durango con un 45.34% de participación, las cinco entidades restantes presentaron niveles de participación alarmantes. 

Es decir que, en el caso de Quintana Roo, por ejemplo, sólo un 22.15% de la población tomó en sus manos la tarea de empoderar ciudadanas y ciudadanos para representar sus intereses en el Congreso local. Que sólo un 29.95% de la población de Baja California cumplió con su deber cívico de acudir a elegir a quienes se postulaban para gubernatura, diputaciones y Ayuntamientos. Que la ciudadanía tamaulipeca sólo acudió en un 33.15% a escoger a quienes legislarían por los temas más importantes de su comunidad. Que sólo un 33.41% en Puebla reclamó su derecho a votar por la persona que tendrá las riendas de su entidad en los próximos años y que sólo un 38.9% en Aguascalientes votó por quienes manejarán el presupuesto de sus Ayuntamientos y velarán por su seguridad, por sus servicios públicos, su calidad de vida. 

Esto significa que quienes lleguen al poder se enfrentarán ante un reto imponente, pues habrán triunfado con un porcentaje mínimo de la población y será su deber demostrar los mejores resultados durante su gestión. 

Sin duda, la apatía hacia la política juega un papel importante, la decepción ante los numerosos escándalos de corrupción, o el pensar incluso que el voto de una persona no hace la diferencia. 

Pero ese voto es parte fundamental de nuestra democracia, ese voto es un derecho de cada uno de nosotros por el que lucharon tantas y tantos antes de nuestra llegada, ese voto es la promesa del cambio, del progreso y también es una herramienta poderosa. El voto permite empoderar una agenda política, impulsar mediante la reelección a quienes han hecho bien su trabajo, o castigar a quienes abusaron del poder, ya sea en lo individual o colectivo. Ese voto es la herramienta de rendición de cuentas que nos empodera como ciudadanas y ciudadanos y, sin embargo, la desperdiciamos.