La Taquería

La delgada línea de pixeles #3

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A veces me envían, como a todos, cadenas de escritos larguísimos sobre tal o cual tema controversial.  Los artículos de vez en cuando no son tan largos, pero se sienten porque en realidad casi siempre son un tapiz parchado de un montón de fuentes diferentes. Me llegan y a veces los leo completos, a veces sólo un pedazo, a veces prefiero ignorarlos. He leído los suficientes como para saber el tipo de contenido que la mayoría tienen. Mucha información anecdótica, representaciones incompletas de datos estadísticos, apelación a una serie de aparentes figuras de autoridad (doctores, ingenieros, expertos de todo tipo) que usualmente o son difíciles de encontrar, o tienen opiniones con fundamentos nebulosos. Lo mismo con los reportes a los que hacen referencia. Las vacunas causan autismo, la Coca-Cola causa Alzheimer, todo es una conspiración de la que sólo puedes salvarte si escuchas a quienes gritan desde la periferia.

A menudo, nos cuesta admitir que no sabemos algo. Aún más difícil es admitir que no todo tiene explicación. Entonces, aun cuando admitimos que no sabemos, buscamos una explicación, venga de donde venga. Es absolutamente humano, saciar la curiosidad del Por Qué. El asunto es que muchos de estos artículos y cadenas y blogs -definitivamente no todos- expresan opiniones que no tienen fundamentos sólidos, que seguido van en contra del consenso científico, y que además pueden generar peligro y asperezas. Enfermedades que se habían extinguido pueden regresar, gente puede salir herida al recibir el peso de la culpa de algo que no cometieron; en los casos menos dañinos quienes pregonan las opiniones se vuelven millonarios ofreciéndose como la cura del problema en turno.

Es cierto también que el consenso científico no siempre está en lo correcto; de hecho, está en constante evolución. Hay mecanismos internos que, aunque lentos, van corrigiendo los errores del pasado y van mejorando nuestro entendimiento del mundo, en base al método científico y a la revisión ardua de investigaciones. Un consenso sólo existe tras muchos años de estudios que coinciden lo suficiente en sus conclusiones.  Cuando un estudio muestra resultados muy diferentes, no tiene el mismo peso que todos los que han tenido resultados consistentes y forman el consenso. Éste puede cambiar conforme se realicen nuevas investigaciones, pero sólo con el tiempo y la acumulación de información fidedigna.

Hay varias maneras de comprobar la información que recibimos, si bien ninguna es perfecta. No es tan sencillo como sólo hacer una búsqueda en Google, se necesita un par de pasos más. Verificar las fuentes, el nombre de las personas que hicieron el artículo y los estudios, la fecha de publicación y la institución que los respalda. Cuando lo que se comparte no se trata de un estudio científico, aplican pasos muy similares: buscar las noticias en varias fuentes diferentes, verificando que todas sean lo más confiables posibles, investigar sobre los protagonistas de las noticias y los autores de los artículos, los antecedentes y consecuencias del hecho en cuestión.

Una conversación de Whatsapp, un post en Facebook, un artículo en un blog, no pueden ser el principio y el fin de nuestras fuentes de información. No podemos compartir sin estar informados, porque así, demasiado a menudo, lo que compartimos es desinformación.

Te invito a que investigues las fuentes de lo que compartes, a que propagues información acertada y opiniones fundamentadas: #ComparteInformado.