La Taquería

Las trabajadoras del hogar y su logro histórico

Comparte este artículo:

Abril ha sido un mes de buenas noticias para uno de los grupos más vulnerables de la sociedad mexicana: las trabajadoras del hogar. Población particularmente en riesgo por la intersección de distintas formas de marginación. En primera instancia, por ser mujeres, y por su posición socioeconómica. Y en segunda, se agregan -en muchas ocasiones- otros elementos como etnicidad, analfabetismo, o grupo etario (tanto menores de edad como adultas mayores). Transversal a todo esto, su ocupación: estigmatizada, menospreciada, en la informalidad.

Estos factores, al impedir el goce de sus derechos laborales, materializan la violencia estructural vivida por las trabajadoras del hogar. Un Estado que no las contemplaba en discurso, normatividad, o programas; y una opinión pública que las relegaba a los márgenes de lo relevante. Personas sin apellido, sin historia, sin cabida en la esfera pública, y con poca participación en la privada. 

En México, 2.3 millones de personas son empleados domésticos. De estos, el 90% son mujeres, y se estima que un tercio recibe menos del salario mínimo (Conasami, 2019). Con las condiciones previas, la Ley Federal del Trabajo contemplaba que hasta el 50% del sueldo podía ser en especie, lo que justificaba un sueldo insuficiente, a cambio de alojamiento y comidas “gratis”. Además, según la Enadis (2010), solo el 4% contaba con un contrato, el 6.8% recibía aguinaldo, el 6.7% tenía Seguro Social, y el 5.3% disfrutaba de días de vacaciones establecidos. Estas circunstancias pueden llevar a un escenario de explotación laboral, en el que las jornadas laborales superan las 8 horas diarias, no se cuenta con prestaciones de la ley y no se recibe un salario suficiente. Por ende, se perpetúan los círculos de pobreza y marginación.

Ahora, el panorama parece mejorar. El Senado aprobó unánimemente una serie de modificaciones a la Ley Federal del Trabajo y a la Ley de Seguro Social, para que vaya acorde a los compromisos de derechos humanos nacionales e internacionales. Se estableció principalmente que se deberá de contar con un contrato -escrito y registrado ante las autoridades-, jornadas de 6 horas diarias con horas extra remuneradas, pago no menor a dos salarios mínimos, acceso al Seguro Social, alojamiento y alimentos gratuitos (si aplica) y prestaciones de ley como vacaciones y aguinaldo. Además, prohíbe la contratación de menores de 15 años y el despido por embarazo.  

Un sector que hasta hace poco había sido invisible (o invisibilizado), ha tenido una racha de buenas noticias. Desde el diálogo que surgió en la opinión pública a partir de la película Roma, hasta el fallo de la Suprema Corte, el Programa Piloto del IMSS y la votación en el Senado. Aún queda mucho por recorrer, y de esperar para que esto se traduzca en cambios reales, con una implementación efectiva. Espero que pronto haya espacios en los que participen distintas voces, y se sigan visibilizando las necesidades de grupos que han sido silenciados, ignorados y olvidados sistemáticamente. Es algo necesario, y es una manera de intentar mitigar la deuda histórica por la injusticia social.