La Taquería

#HojaDeRuta: “Así Vamos 2018: una ventana a nuestras desigualdades”

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Fui invitado por Cómo Vamos Nuevo León a presentar la encuesta Así Vamos 2018, instrumento para conocer qué piensa la ciudadanía sobre Monterrey y su área metropolitana. 

Tras reflexionar los resultados, una conclusión vino a la mente: la encuesta es una ventana a nuestras desigualdades. Esta idea se expresa de múltiples ángulos: el bolsillo, por lo dispares que somos en lo que ganamos. El movimiento, por la enorme diferencia de tiempo que hay entre viajar en transporte público y privado. En el trato, porque pertenecer a una minoría es casi garantía de sufrir discriminación.

Desdoblé mi intervención en tres ideas fuerza: la desigualdad como una constante en la ciudad; la desmovilización política de nuestra ciudadanía y una conformidad aparente a las múltiples problemáticas e injusticias. Énfasis en aparente.

1. La desigualdad como una constante: más del 60% de la población del área metropolitana gana apenas 3 salarios mínimos, y para el 25% el ingreso no es suficiente. Un dato adicional: apenas el 11% de la población puede ahorrar. Digiramos lentamente esa última cifra: en esta, la ciudad de los negocios y las oportunidades, apenas 1 de cada 10 personas tiene ahorro.

A lo anterior hay que sumar la pérdida de poder adquisitivo del salario, que ha caído 80% en los últimos 30 años, de acuerdo a un estudio reciente de la Facultad de Economía de la UNAM.

Desigualdad al moverse, porque viajar en transporte público significa casi el doble de tiempo que hacerlo en auto (103 vs. 53 minutos, en promedio). Lo mismo al caminar: apenas 27% considera que hay banquetas suficientes para llegar a su destino, y un 75% que están dañadas y llenas de obstáculos.

Desigualdad a través de la discriminación. Estudios del CONAPRED han señalado a Monterrey como la ciudad que más discrimina en México, y el Así Vamos 2018 lo confirma: entre el 40 y 50% de la ciudadanía considera que aquí se discrimina por ser indígena; por el color de piel; por la preferencia sexual; por ser pobre. Y en todas las categorías las mujeres lo perciben más que los hombres.

2. Desmovilización ciudadana ante lo público. El 55% de las personas encuestadas no sabe qué hacen su alcalde ni el gobernador. 30% dijo que simple y llanamente no le interesa, otro 30% que no tiene tiempo. 

Aparece además uno de los principales males de la democracia: la desconfianza, pues casi el 40% de la ciudadanía cree que no tiene nada de influencia en las decisiones de gobierno. Esa cifra casi se duplicó en comparación a 2016.

La falta de politización, y por ende, de espacios de organización y presión, es una realidad en Monterrey ¿Por qué el trienio pasado la y los alcaldes podían darse el lujo de poner en entredicho su participación en la plataforma Alcalde Cómo Vamos? Sencillo: el costo político de hacerlo era bajo.

3. La conformidad aparente de la ciudadanía. Este punto resalta contradicciones que requieren análisis. Por ejemplo, a pesar de las dificultades económicas, hay gran optimismo: el 80% cree que le irá igual de bien o mejor. Otro: aunque para el 60% de la ciudadanía ir al trabajo es su principal motivo de viaje, solo el 4% se mudaría para estar más cerca de él ¿Qué es lo que consideramos deseable y valioso del lugar donde vivimos?

Estremece que solo el 8% de la ciudadanía considere la violencia familiar como el principal problema público, cuando Nuevo León fue el tercer lugar en feminicidios durante el 2018, el delito de violencia familiar es el más denunciado en el Estado y está activa la Alerta de Violencia de Género para 5 municipios.

Apilo conclusiones por falta de espacio: a) Aunque la desigualdad es evidente desde múltiples ángulos, combatirla no parece estar en la agenda pública como prioridad. b) Una lectura superficial de los datos nos haría suponer que buena parte de la población está feliz, o cuando menos conforme. Mi tesis es contraria: creo que estamos adormecidos políticamente. Se une la decepción hacia lo público con la “cultura” de la solución del trabajo y los problemas en el fuero individual (el mantra de “la solución está en uno mismo” como gran desarticulador). c) Si se tiene una población desinteresada y desmovilizada, la clase política confía en que el costo de fallar es barato. d) El reto desde la sociedad civil está en generar espacios constantes de activación, reflexión y movilización política, que mantengan constancia y sobre todo, que lleguen a todos los estratos sociales.

Mi propuesta inicial es sencilla: así como se habla de urbanismo táctico, esas pequeñas intervenciones para tomar y visibilizar el espacio público, hay que hacer politización táctica. Tomar el espacio público, abrir conversaciones, generar encuentros. Ir a la base. No temer generar organización popular genuina, ahí donde los partidos han copado lo que llaman “tierra”, que no es otra cosa que la compra y control de la movilización política en los espacios más vulnerables. 

Finalicé mi intervención con esta cita de Slavoj Zizek: “Lo fantástico de nuestra tradición democrática es que la imperfección está dentro del sistema. Forma parte  de la capacidad de la democracia para ser crítica consigo misma”. Aunque evidentemente nuestra tradición democrática es débil, el futuro no está escrito: hay que movilizarlo.