La Taquería

#ElTalónDeAquiles: “Los éxodos de la vergüenza”

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El 18 de enero de 2019, 1000 nuevos hondureños y salvadoreños fueron recibidos en México, en su travesía hacia los Estados Unidos. La cantidad de migrantes ya colapsó albergues y la inseguridad ha cobrado la vida a varios jóvenes. Por la gravedad de esta crisis humanitaria, cuyo epicentro es el Triángulo del Norte centroamericano, inicio el año esbozando las trayectorias históricas recientes de Honduras, El Salvador, y Guatemala. 

En junio de 2009, el presidente de Honduras, Manuel Zelaya fue depuesto en un golpe de Estado por quienes afirmaban que el líder buscaba reformar la constitución para perpetuarse en el poder, siguiendo así el camino de sus compinches, Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales. La Organización de los Estados Americanos suspendió al país del sistema interamericano. El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Venezuela anunciaron sanciones, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) suspendieron la ayuda financiera, y los embajadores de la Unión Europea se retiraron. Pero de poco sirvieron los esfuerzos. El golpe derechista siguió su marcha: se decretó un estado de sitio y se juramentó a Roberto Micheletti como presidente de Honduras; posteriormente se realizaron elecciones que dieron como presidente electo a Porfirio Lobo. 

En El Salvador, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) lograba, de forma simultánea, un histórico triunfo electoral que puso fin a décadas de dominio de la derecha, representada en por la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). Si, en la opinión de algunos, el gobierno de Mauricio Funes (2009-14), fue demasiado moderado, la elección de Salvador Sánchez Cerén (2014-19), un exguerrillero cuyo nombre de guerra fue comandante Leonel González, presagiaba un genuino viraje de izquierda. Pero el supuesto  causo poco impactó en la vida de los salvadoreños, muchos de los cuales debieron seguir pagando peajes a las Maras para no ser asesinados. La inseguridad siguió siendo el talón de Aquiles del país. 

En Guatemala, el triunfo electoral de Álvaro Colom (2008-12) abrió también un efímero periodo de esperanza progresista. Me ahorro los detalles, pero me permito recordar tres hechos. Primero, el General derechista Otto Pérez Molina (2012-15), su sucesor, renunció en septiembre 2015, luego de ser acusado por el Ministerio Público y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) de cohecho pasivo y asociación ilícita en un caso de defraudación aduanera. Segundo, en febrero de 2018, Colom fue detenido por corrupción, en un caso que también fue revelado por la CICIG. En fin, el 7 de enero de 2019 el presidente Jimmy Morales (2016-…), un outsider sin ideología, intentó anular unilateralmente el acuerdo entre Guatemala y la Organización de Naciones Unidas (ONU) que da sustento a la CICIG, el cual lo investiga por irregularidades en su campaña electoral. 

Los constantes éxodos de hondureños, salvadoreños y guatemaltecos son el resultado de la exclusión social, de las faltas de oportunidades, y de una crisis de seguridad sin precedentes que azota a los países del Triángulo Norte. Pero, además, recuérdese: el panorama migratorio centroamericano es aun más complejo, pues también incluye desplazamientos poblacionales hacia el sur. En los últimos meses del 2018, 21,000 estudiantes, activistas, políticos, empresarios, profesionales, profesores universitarios, y exmilitares nicaragüenses pidieron refugio en Costa Rica, debido a la deriva autoritaria del gobierno Ortega. Es decir, en 2019, los heterogéneos flujos migratorios dentro de, y desde Centroamérica, que incluyen a jóvenes, no tan jóvenes, hombres, mujeres, homosexuales y heterosexuales, educados y menos educados, tienen como único denominador común la miseria, de la cual intentan todos huir, y la cual se mezcla con, o es producto de, la violencia intrafamiliar y comunitaria, el crimen organizado, y la violencia perpetrada por el Estado. 

Se trata entonces de éxodos de la vergüenza, no de “caravanas” que romantizan lo inaceptable, porque desnudan el rotundo y patético fracaso de las clases políticas centroamericanas, sin importar su ideología de centro, de derecha, o de izquierda, a mejorar el bienestar de sus ciudadanos. 

Fernando A. Chinchilla 

Montreal (Canadá), 30 de enero de 2018