La Taquería

#ElTalónDeAquiles: “Rom-Pom-Pom-Pom 2018”

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La moda navideña este año en Canadá es regalar una compensación de carbono para disminuir la huella ecológica individual, familiar, o empresarial. El concepto es simple: todos emitimos gases de efecto invernadero. Afortunadamente, hoy existen programas para compensar total o parcialmente esas emisiones, sobre todo sembrando árboles. Compre su tarjeta de regalo y el dinero irá a la reforestación, con lo cual disminuye la “huella ecológica” del agasajado. 

Como estas consideraciones parecen ganar importancia en el mundo contemporáneo, para este Rom-pom-pom-pom 2018 me di a la tarea de calcular qué tan contaminante es el trineo de Santa Claus. El resultado es preocupante, si bien las premisas del análisis son discutibles. Supongamos primero que San Nicolás viaja de este a oeste. Debido a husos horarios y a la rotación planetaria, su Nochebuena es de 31 horas: 111,600 segundos. Es el tiempo que tiene Santa para visitar a los 378 millones de niños elegibles a su programa de regalos. Esta cifra, claro está, es inexacta, pues no excluye a los infantes que se portaron mal. El cálculo, sin embargo,  elimina al 85 % de niños alrededor del mundo que no son cristianos (budistas, hindúes, judíos, y musulmanes). Lo siento: Santa no es un paradigma de liberalismo multicultural.

Si el trineo de Santa emite 0,545 kilos de CO2 por segundo, como alegan algunos sitios internet de calidad cuestionable, su huella ecológica en Nochebuena es de 60,82 toneladas. Comparemos: la huella carbono de un catarí (Qatar es el país que más produjo de estos gases de 1990 a 2013), fue de 40,37 toneladas en 2013; un estadounidense produjo ese año 16,5; un francés, 5,75, un mexicano, 3,91, y un bangladesí, 0,38. Se requería así de 3,68 gringos emanando gases a lo largo de 2013 para igualar la orgía de vapores lanzada por el Sr. Claus. O, si se prefiere, un mexicano tarda 15,5 años produciendo los gases que el trineo volador lanza en tan solo 31 horas. Demasiadas flatulencias para mi conciencia ecológica. Ni siquiera me atrevo a calcular el impacto de la producción de regalos, que transcurre a lo largo del año, o la huella ambiental de cada uno de los renos y duendes. 

De lo que sí tengo cifras, aunque parciales y dispersas, es del impacto ecológico de la navidad. Considere los siguientes aspectos: (a) el desenfreno a todo nivel – alimentario, energético, etc. – es lo contrario del consumo responsable. Solo en Francia, se dieron aproximadamente 113,4 millones de regalos en la navidad de 2011. A esto se le suma el papel de regalo (su consumo es exagerado durante este época), el transporte, no solo de los productos (muchos de los cuales son elaborados en China), sino de las personas que van a comprarlos en auto a centros comerciales y quedan atrapadas en embotellamientos, los regalos regresados (2 toneladas por año, solo en EE.UU., se convierten en basura), y otros; (b) en Francia, 60 % de los regalos son de plástico, y 30 % son juegos electrónicos, cuyos componentes no solo pueden ser perjudiciales para la salud de los niños, sino que tienen una huella ecológica alta; (c) cantidades importantes de comida se compran y terminan en la basura, al tiempo que se abusa todavía más de recursos naturales limitados (p.ej. langostinos) en estos tiempos. Las emisiones de carbono per cápita en navidad representan el tercio de la producción total anual de cada inglés. ¡Feliz navidad!

La COP-24 que viene de terminar en Katowice (Polonia), es una pequeña victoria en el largo combate a los cambios climáticos: casi 200 países acordaron reglas de aplicación del Acuerdo de París (2015), con lo cual se establece un sistema de rendición de cuentas. Pero los científicos ya alertaron que si la meta es mermar la amplitud del cambio climático, tendremos que hacer cambios sin precedentes a nuestro estilo de vida. La discusión entre el árbol de navidad natural o artificial ya no es pertinente (de todos modos se sabe que el primero es más ecológico que el segundo, sobre todo si no se corta ni se quema). De lo que se trata, es de renunciar al automóvil, disminuir el desplazamiento aéreo de forma drástica, adoptar el vegetarianismo, y tener la menor cantidad posible de hijos. Ya no se trata de Estados o gobiernos, sino de un compromiso individual y ciudadano a nivel planetario. En ese sentido, iniciar con un modesto regalo de compensación de carbono, es un tímido paso en la buena dirección. ¿Sabés cual es tu impacto ambiental? Calcúlalo. 

Fernando A. Chinchilla 

San José (Costa Rica), 17 de diciembre de 2018