La Taquería

Teléfonos Inteligentes nos hacen menos Inteligentes

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No queda la menor duda que la penetración de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación ha aumentado exponencialmente en los últimos 20 años, ahora, tener un teléfono con acceso a redes sociales, aplicaciones, mensajes y llamadas es algo accesible para la gran mayoría de los mexicanos. Una de estas nuevas herramientas es el Smartphone o teléfono inteligente que ha revolucionado la forma en la que nos comunicamos, como nos llega la publicidad, como se hace política y como nos mantenemos informados “o desinformados”.

Contrario a la lógica que nos haría suponer que estos teléfonos nos hacen más eficientes la realidad de las cosas es que las implicaciones en muchos casos son negativas y no se limitan a la productividad. Por ejemplo, según un estudio del World Economic Forum en una escala del 1 al 5 de humor el estudio indica que el usar nuestro teléfono cuando estamos con alguien más empeora nuestro humor y perjudica a la persona o personas con las que estamos, irónicamente, estos aparatos nos acercan a los lejanos y alejan a los cercanos. 

En la Universidad de Virginia registraron el comportamiento de 174 estudiantes “millennials” por una semana, y encontraron que el utilizar el teléfono y navegar mientras se estudia o se hace la tarea distrae al estudiante de tal forma que tarda en promedio dos y medio veces más en realizar la misma tarea sin la distracción del teléfono. En Francia recientemente entró en vigor, una ley federal promovida por el Presidente Macron para prohibir el ingreso y uso de teléfonos celulares para alumnos en escuelas de educación básica.

Vale la pena mencionar que hay estudios que indican que compartir nuestras vidas y compararnos con los demás, por lo general disminuye la felicidad del ciudadano promedio y le puede generar traumas, además de reforzar estereotipos y distorsionar la naturaleza de muchas relaciones humanas. Al final, podemos concluir que el uso actual que le damos a los teléfonos inteligentes nos hace menos productivos y felices, por lo que sería poco inteligente no medir como nos afecta a cada uno en nuestra circunstancia y cuidar que la próxima generación “centennial” no crezca con estos problemas considerando que nacieron en una era donde no solamente ya existía el internet sino donde desde niños interactuamos con las redes sociales.