La Taquería

Andrés, no tienes derecho a fallarnos

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AMLO se enfrenta a una expectativa peligrosa en la que se le evaluará por lo que deje de hacer más que por lo que haga

El 1 de diciembre fue un día histórico. Por primera vez la izquierda ideológica asume el poder en la figura de Andrés Manuel López Obrador. Hubo muchos simbolismos que le dieron color al primer día de gobierno de AMLO, como la apertura de los pinos al público general, o la colocación de la banda presidencial. Pero sobresalió un peculiar momento: cuando un ciclista se le emparejó al jetta blanco del Presidente Constitucional. 

La toma de ciclista platicando con López Obrador sobresalió entre otras cosas porque mostró una genuina cercanía entre el poder político y la ciudadanía de a pié, pero cobró más relevancia cuando en el discurso de apertura en el congreso, AMLO hizo público un extracto de su conversación. 

El ciclista cual representante del pueblo mexicano le dijo al mandatario que no tenía derecho a fallarnos. Una brutal frase que refleja el hartazgo al que hemos llegado las y los mexicanos. Y es que la victoria de López Obrador tiene muchas aristas pero una de ellas y muy importante es el cansancio a los constantes fracasos de los gobiernos en turno. 

Enrique Peña Nieto deja al país con un magro crecimiento económico, con una violencia sin precedentes y con una estela de corrupción como nunca antes se había visto. 

La vara es muy alta y AMLO lo sabe, él mismo lo dice y cree que a pesar de eso, cumplirá con las expectativas. Por el bien de México esperemos que sí, pero es tanta la esperanza y son tantos los obstáculos y rezagos, que ni con el mejor de los optimismos se espera que se cumplan todas las promesas, y los mexicanos parecen no perdonar un fracaso más en su gobierno. 

El ciclista tiene razón, Andrés no tiene derecho a fallarnos. Hay un dicho que dice que prometer no empobrece, pero en los políticos las promesas salen disparadas como si de dulces se trataran. Si López Obrador en verdad es un político diferente a los demás, sabrá que no puede dejar un vacío, que la prosperidad se tiene que reflejar en todos los rubros de nuestra vida. Con esa vara lo mediremos y con esa misma sabremos si seguir confiando en su proyecto o no.