La Taquería

Por un México sin miedo

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El tema de inseguridad en México nunca pierde importancia. Día con día la situación no mejora. Acorde a datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía entre 2012 a 2018, más de 37,000 personas han desaparecido en el país. La respuesta del Estado a esta crisis ha sido pobre o a veces nula. La maquinaria estatal parece estar averiada, las demandas de la población no son escuchadas y por lo tanto no son respondidas. Un Estado en tensión es aquel que no es capaz de tomar decisiones o al hacerlo, estas resultan no ser eficaces para solucionar el conflicto.

En México se vive un estado de crisis; 171,440 personas han sido víctimas de homicidios en un periodo de 6 años. Estas no son cifras sin sentido, lo que se reporta aquí son vidas de profesionistas, de trabajadores, de padres, de madres, de mujeres y hombres, jóvenes y niños que merecían seguridad brindada por un Estado fuerte, que les asegurará el derecho a vivir en libertad, porque no se puede ser una persona libre teniendo miedo.

El 9 de octubre del 2018 a menos de 60 días de dejar el mandato, el presidente Enrique Peña Nieto creo el Sistema de Búsqueda de Desaparecidos como respuesta a la crisis de inseguridad latente en México. Esta acción llega tarde, a cuatro años de Ayotzinapa, a siete meses del caso de los estudiantes de cine en Guadalajara, después de miles de feminicidios, después de un plan de seguridad fallido y dejando muchas dudas sobre su implementación a nivel federal.

El pasado 15 de noviembre del 2018, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador presentó el Plan Nacional de Paz y Seguridad, en donde expone las medidas de pacificación que serán tomadas por la nueva administración federal a partir del 1 de diciembre. El plan consta de 8 ejes centrales para lograr un México en Paz: la erradicación de la corrupción en la administración pública, la procuración de justicia, la garantía de contar con educación, empleo y salud para los mexicanos, la promoción y respeto de los derechos humanos, la constitución moral, la legalización y combate de las drogas, la amnistía por medio de la implementación de la justicia transicional, la recuperación de las cárceles bajo un marco de derechos humanos y la creación de la Guardia Nacional. Esta última ha causado una gran polémica tanto a nivel nacional como internacional.  

128 organizaciones de la sociedad civil y 523 activistas, ciudadanos y académicos solicitaron al presidente electo no seguir con la propuesta de la Guardia Nacional. Debemos pensar lo que esto significa. El crear una Guardia Nacional, es tomar la decisión de dejar al mando militar una facultad que le corresponde a la guardia civil. 

El presidente electo, en su Plan Nacional de Paz y Seguridad, habla de la institución policiaca como materia perdida, corrompida y acabada. Se habla de una crisis tan profunda que no queda más que transitar al mando militar, claro, bajo un marco de derechos humanos, que se les será impartido por medio capacitaciones en los planteles militares, justificando las acciones antes cometidas por los mismos, con el argumento de la falta de conocimiento que estos tenían sobre qué acciones realizar para proteger a la ciudadanía. 

Esta decisión resulta peligrosa, se traduce en un contrapeso nulo de poder en materia de seguridad pública ya que todo quedará bajo el mando de la Secretaría de la Defensa. Me pregunto, ¿Qué ha pasado con el personaje que decía que el pueblo es sabio y bueno? ¿Por qué no escuchar ahora al pueblo? ¿Por qué no invertir en una verdadera capacitación y reconfiguración de la guardia civil? ¿Dónde quedó el pensamiento de que la militarización no era la solución? 

No queda más que observar con ojo crítico los siguientes pasos a dar y esperar que ese bienestar y justicia que los mexicanos tanto necesitan y demandan sea otorgado a ellos por este Plan Nacional de Paz y Seguridad, todo con el fin de que las próximas generaciones no sepan del riesgo que es hoy, salir a la calle.