La Taquería

#ElNidoDelGavilán: “Las enfermedades de Monterrey: El racismo supremacista (Segundo Acto)”

Comparte este artículo:

En días pasados comenté en este espacio los hechos acontecidos el día del Clásico Regio que dejó como saldo un lesionado de gravedad y hasta el momento dos detenidos como “supuestos agresores”.

La radicalización del reporte del hecho por parte de los medios locales y sus presentadores es uno de tantos hechos que están dejando ver lo deshilachado del tejido social y el gusto por la caza de brujas y la denuncia por parte de la sociedad.

La noticia en redes sociales, televisión y medios impresos de Monterrey tiene ingredientes perfectos para llevar a la ira popular. “Ayuda a denunciarlos”, “Hay que atraparlos”, “Asesinos” fueron algunas de frases de los medios y redes, aunado a la exposición de videos en los noticiarios para vender el morbo de la brutalidad.

Sin embargo, hay otro movimiento que tiene años de estar ahí, pero con los meses ha adquirido nombre y el tema de la sequía en las presas avivó en redes sociales específicamente.

Los chiriwillos, un concepto inventado en las clases medias y bajas de Monterrey para denostar de forma racista y clasista a mexicanos inmigrantes en el área metropolitana en Facebook.

Se les ha acusado de robarse el agua, de criminales, de solo “parir” hijos y básicamente de ser pobres. Este concepto describe a mexicanos pobres, de baja estatura, de tez morena, con rasgos indígenas presentes y que viven en las orillas de la ciudad, léase García, Zuazua, Juárez y Cadereyta.

Lo interesante es la ausencia de este término peyorativo en la clase alta de la ciudad sino en la clase media y baja que es quien convive (y compite) en mayor medida con los migrantes poco calificados.

La radicalización del discurso es peligrosa por los riesgos que conlleva. Agresión, discriminación y segregación. Desafortunadamente, el Bronco en una entrevista sostiene que los foráneos contribuyen a la falta de agua en la ciudad. Lo cual, si bien una ciudad entre más grande consume más agua, decir eso, es poner carga del delito a los migrantes, diciendo de manera sutil que si no estuvieran aquí estaríamos con más agua.

Ese discurso no tiene sentido porque no hay manera de restringir la llegada a ningún conciudadano, aparte de que no hay criterios para definir tipologías de foráneos.

Finalmente, es imperante que el Gobierno de Nuevo León en sus políticas públicas de desarrollo económico y principalmente de planeación urbana no contribuya a crear más cinturones de pobreza alrededor del área metropolitana. Los migrantes son parte de nuestra sociedad y como tal no podemos aislarlos ni negarles servicios básicos y de calidad.

Lo dicho, dicho está.