La Taquería

Hasta que la dignidad se haga costumbre

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Se publicó la nota: 127 cadáveres recorrían las calles de Jalisco en un tráiler refrigerado. Una nota que hace una década posiblemente nos hubiera conmocionado, pareciera que hoy no estremeció ni indignó a nadie.

Escurridiza, sutil y rápidamente, la violencia en nuestro país llegó para normalizarse. Día con día, los titulares de los periódicos nos reportan las notas más crudas y los datos más altos. Los niveles de violencia en México han alcanzado máximos históricos, y con ellos nuestros niveles de indiferencia. En México, la violencia, el ultraje y la ignominia ya no nos sorprende, no nos molesta, no nos indigna y no nos toca, hasta que nos toca a nosotros. 

Estas últimas semanas han estado plagadas de noticias aberrantes. La cifra se repitió en noticieros de televisión y radio, y se compartió en portales de medios digitales: “127 cadáveres. 127 cuerpos trasladados en un tráiler”. Como si se reportaran las cifras del ganado que se transporta al rastro, los desaparecidos, los torturados, y las personas que han perdido la vida poco a poco han ido perdiendo su carácter de humano y se han cosificado, datos duros del daño colateral que implica vivir en México. 

Pero no es un tráiler y no son 127, son más de 200 mil personas que han perdido la vida en los últimos 12 años, más 30 mil personas desaparecidas, personas que un día no pudieron regresar a casa, y que muy probablemente sus familias siguen esperando. Personas que hoy encontramos hacinadas, abandonadas en fosas donde se sepultan sin nombre, sin historia, sin recuerdos, sin la oportunidad si quiera de que sus familias los despidan debidamente. El país entero se ha convertido en un cementerio, en una fosa clandestina donde incluso las autoridades incurren en prácticas propias de la delincuencia organizada, un pacto no escrito que dice “yo los mato y tú sepultas”. Un pacto no escrito que alcanza a la sociedad misma, “yo los mato, tú sepultas y tú te callas”.

La descomposición del tejido social de nuestro país no es producto únicamente de los crímenes de estado y de la inmoralidad de la violencia del crimen organizado, sino de nuestra propia indiferencia. Digo esto con decepción por la falta de denuncia y movilización en redes por los cuerpos encontrados en los tráilers, por las imágenes de gente caminando sobre ellos, por el conocimiento de las autoridades del contexto, la situación y los hechos,  por las notas de recientes descubrimientos de fosas clandestinas que pasan por las redes con el mismo silencio sepulcral en el que yacen cada uno de esos cuerpos en tráilers, en fosas, en ácido, y posiblemente en sitios donde la decencia de la imaginación no nos permita vislumbrar. 

Digo esto con decepción por la falta de denuncia y movilización en las mismas redes donde se enciende como pólvora un video “cómico” del Presidente cuya administración ha permitido cada una de esas atrocidades. En las mismas redes donde se critica hasta el cansancio errores ortográficos, de gramática y sintaxis de funcionarios y figuras públicas. En las mismas redes donde se juzga sin cesar y sin piedad la más mínima y ligera equivocación. 

Como mexicanos, nos encontramos en un contexto sociopolítico de coyuntura que puede generar un punto de inflexión en el rumbo del país, pero es momento de redefinir nuestras prioridades como sociedad y como México unido, porque no puede indignarnos y movilizarnos más la ignorancia, que el asesinato y la desaparición de cientos de niños, mujeres y hombres. 

Y si algún día se pierde de vista el motivo de la indignación, recordemos: “127 cadáveres. 127 cuerpos trasladados en un tráiler”. Una frase que no puede repetirse suficientes veces para expresar el horror que debería despertar, y que debería repetirse, como dijera Estela Hernández, “hasta que la dignidad se haga costumbre”.