La Taquería

#HojaDeRuta: “El imperio ataca y la prensa contraataca”

Comparte este artículo:

“La oportunidad de evitar la derrota está en nuestras manos, pero la oportunidad de derrotar al enemigo la proporciona el enemigo mismo” -Sun Tzu

Que la prensa está perdiendo confianza en el mundo entero, irónicamente, no es noticia. Pero en estos días ¿quién no la está perdiendo? Liderazgos, partidos, gobiernos, empresas, instituciones, caen de sus antiguas torres de marfil. Lo advirtieron las barbas de Marx: lo que antes era sólido hoy se desvanece en el aire.

Vivimos una era de impensables (o cuando menos, improbables): las videollamadas prometidas por la ciencia ficción hoy son cosa de todos los días; los polos empiezan a derretirse; en México ganó un presidente de izquierda; los rusos intervienen en las elecciones norteamericanas, y consecuencia, ese país es gobernado por un ultra conservador en el que laten ideas oscuras y peligrosamente similares a las que pusieron al mundo en guerra hace menos de un siglo.

El país que se preciaba de ser la cuna de la democracia tiene un presidente que no ganó la mayoría de los votos y que echado por tierra el carácter intocable que creían tener sus instituciones. Si algo ha demostrado el trumpismo es que el cinismo y la bravuconería son rentables políticamente, y que pocos catalizadores son tan potentes como el enojo.

La opresión del tirano es terrible, pero por naturaleza genera rebeldía. La resistencia es producto de una circunstancia opresora, o de una circunstancia liberadora que se desea oprimir. Esa tensión se ve reflejada particularmente en la pugna que Donald Trump mantiene con la prensa. Ninguna buena enemistad es casual: si deseas crear tu propia verdad sin el más mínimo fundamento, no basta creer que la luna es de queso, debes atacar a quienes lo niegan. Ellos son los disparatados, no el que cree que los lácteos y los cuerpos celestes son deliciosa combinación.

El Boston Globe, diario con más de 140 años de tradición, ha iniciado una rebelión abierta contra Trump con el arma máxima del periodismo (quizá, de la humanidad misma): el discurso. Su Consejo Editorial ha partido de una potente oración: “Los periodistas no son el enemigo”.

Empiezan su posicionamiento diciendo: “Reemplazar a la prensa libre con una prensa controlada por el Estado siempre ha sido el primer punto en la agenda para cualquier régimen corrupto que se apodera de un país. Hoy en Estados Unidos tenemos un Presidente que ha creado un mantra: los miembros de la prensa que no apoyen abiertamente las políticas de la actual administración son “enemigos del pueblo”. Esta es una de las muchas mentiras que han sido lanzadas por este Presidente, muy parecido a los charlatanes de antaño que arrojaban polvo o agua mágicos sobre una esperanzada multitud”.

Las rebeliones contra la opresión deben ser, por definición, momentos de solidaridad. Por eso el Boston Globe ha llamado a todos los periódicos norteamericanos a publicar editoriales defendiendo la libertad de prensa. El fenómeno toca el corazón: desde el New York Times hasta periódicos de pequeñas ciudades y pueblos se han unido a través de su editorial. Ya suman más de 300 en unos cuantos días.

La batalla no solo es por la verdad, sino por la razón: de acuerdo a una lista compilada por el Washington Post, en los primeros 558 días de su presidencia, Trump hizo 4,229 declaraciones falsas o engañosas. No hay que confundir “verdad” en términos ideológicos, con verdad en términos de evidencia científica y hechos comprobables.

Lo que está sucediendo es una señal de esperanza, no solo al rescate de la esencial labor del periodismo para el aliento democrático, sino porque comienza a pelear contra Trump en el terreno del discurso. “Fake News” no es solo una categoría para noticias falsas, es un grito de guerra, es una identificación del “enemigo”, es señala al “infiel” sin fe, es aquél que se niega a creer en la verdad única del único líder.

Michel Foucault creía que retar al poder se trata de separar al poder de la verdad de las formas de hegemonía social, económica y cultural que operan en el presente. El discurso puede ser un espacio de poder, pero también de resistencia. “El discurso transmite y produce poder, lo refuerza, pero también lo socava y lo expone, lo hace frágil y permite frustrarlo”.

Esta unión de espacios editoriales en defensa de la libertad de prensa nos recuerda que el oficio es hermoso, que los poderosos deben ser puestos al ojo público y llamados a cuentas por sus actos, que el poder de unos cuantos no está por encima de las mayorías, que la justicia, a veces, esas benditas, pocas y dolorosas veces, se alcanza. 

“Hubo un tiempo en que el periodismo no era una carrera, era un llamado”, dice Mackenzie Davis en The Newsroom. Es tiempo de volver a escuchar.