La Taquería

Panorama post-elecciones: ¿Qué sigue para los partidos?

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Ya nos dimos cuenta de que las dinámicas y los equilibrios de poder cambiaron drásticamente con los resultados de estas elecciones. Sin embargo, ¿qué implica esta recomposición? Hoy, vemos a los partidos tradicionales, aquellos con mayor antigüedad y presencia en la política mexicana, golpeados, desfigurados y algunos hasta moribundos.

Esto no solo repercute en un cambio en la arquitectura política que había prevalecido, sino que demanda la reestructuración interna de cada actor. El mensaje del electorado fue claro. Todos los partidos, con la excepción de Morena, se vieron afectados. Con esto, ahora les toca voltearse a ver al espejo, y ver cómo, si es que pueden, le harán para sobrevivir.  

Para Acción Nacional, un partido que desde su nacimiento se consolida como oposición, la derrota electoral no es algo nuevo. Sin embargo, el fracaso que vive hoy no es solo el 22.5% que obtuvo en la carrera a la presidencia. El PAN vive un momento crítico y que requiere de un laborioso proceso de reconstrucción. La candidatura de Ricardo Anaya, independientemente de los resultados, ocasionó fracturas internas que tal vez se hubieran reparado solo ante un glorioso triunfo presidencial.

Sin embargo, creo que no se consideró de manera completa el escenario del fracaso y sus riesgos. Ricardo Anaya apostó por un todo o nada. Todo, esperando que ante el triunfo en la presidencia sus compañeros pudieran olvidar sus acciones para llegar a ser candidato. O nada, al perder las elecciones y darse cuenta de las diferencias irreconciliables que ocasionó. Ahora, encontramos a los panistas, además de divididos, enojados. Ya 32 miembros -entre los que se encuentran diputados, gobernadores y otros militantes- exigen de manera formal su renuncia, junto con la de Damián Zepeda (actual presidente del PAN). 

Por ahora, al menos Anaya confirmó que no vuelve a la presidencia del partido, que ocupaba antes de entrar en la contienda. Reincorporarse en la vida política no será un reto solo para Anaya, sino para el partido completo. Les toca reconfigurarse, abrirse al diálogo e intentar conciliar a las distintas voces y grupos que lo conforman. Si lo logra, tiene la oportunidad de consolidarse como un buen partido de oposición. Por la propia naturaleza ideológica, el PAN resulta un excelente contrapeso para el preponderante Morena. Esto sería clave para tener una democracia plural y de contrapesos. 

Por otro lado, el PRI resulta el más herido, con una derrota incluso más grande que la de 2006, y ahora no solo en la presidencia. Su presencia en senadurías, diputaciones -locales y federales-, ayuntamientos, y gubernaturas se vio reducida tremendamente. En su particular caso, no hay mucho que decir. Como ya mencioné, el mensaje es claro, y tiene como principal destinatario al Revolucionario Institucional. El hartazgo quedó claro, se demostró que hay consecuencias y que la ciudadanía responde. Vieron la realidad y el peso del voto de castigo. Es por eso que hoy, el PRI tiene dos opciones: renovarse o morir.

El PRD, por otro lado, un suceso casi triste. Con las elecciones demostró la dependencia en la figura de Andrés Manuel, y la debilidad institucional que lo conforma. El apogeo que tuvo como oposición al régimen, con la Ciudad de México como bastión y una presencia fuerte en 2006 y 2012, que incluso parecía asustar al PAN para destronarlo de segunda fuerza política. Hoy, todo queda atrás con la salida de Andrés Manuel y la creación de Morena. Su alineación con el PAN y MC no resultó la más efectiva, y probablemente sus días están contados.

Finalmente, a todos les queda incorporar nuevas prácticas en su manera de operar. Ya han surgido nuevas agrupaciones y movimientos como Wikipolítica, que muestran una cara fresca y renovada de la política. Si los partidos no logran entender esto y no renuevan sus prácticas, deben de saber que su forma actual pronto será rechazada totalmente por la ciudadanía.