La Taquería

La sociedad civil como contrapeso

Comparte este artículo:

Crece el temor que al nuevo gobierno de AMLO le falten contrapesos, ya que además de poder ostentar un 53% del voto expresado, su partido y la coalición que encabeza tendrá mayoría tanto en la Cámara de Diputados cómo en el Senado de la República. Los datos no mienten pero deben ser relativizados. El 53% de los 63% de mexicanos que fueron a votar, representa el 33.33% de la población electoral. Uno de cada tres mexicanos en capacidad de ir a votar apoyó a AMLO. Es mucho, pero ¿quién tomará en cuenta los dos mexicanos (de cada tres) en capacidad de votar que no apoyaron a AMLO? Sea por desacuerdo, sea por indiferencia. Por esto se escuchó razonable el discurso humilde del candidato ganador en la noche electoral. Que no se olvidé que uno de cada tres manifestó abiertamente su apoyó. No es para menospreciar a los dos que no lo hicieron. 

Independientemente de la aritmética electoral fría, y más allá de la composición de las cámaras, más allá de los pleitos internos y externos de una partidocracia que quisiéramos ver hundirse, no podemos olvidar que el único y verdadero contrapeso que existirá siempre es la sociedad civil constituida por los ciudadanos que no se identifican con ideologías partidistas pero que no por esto abdican su derecho a opinar y a ser escuchados. Una sociedad civil que ha forzado a la partidocracia a diseñar y aprobar la Ley 3de3, que ha forzado el sistema político corrupto a estructurar un Sistema Nacional Anticorrupción, una sociedad civil que no se quedará callada frente al rechazo del nuevo régimen de crear un sistema de procuración de justicia autónomo e independiente del poder político. 

El nuevo presidente llega al poder soportado por una ola anticorrupción, pero de entrada se reserva el derecho de definir cómo combatir la corrupción. ¿No habrá falta de congruencia entre el discurso y los actos? ¿Será el Gran Tlatoani el único con los criterios correctos para combatir la corrupción? ¿No será la sociedad civil, la que sufre en sus bolsillos los efectos de esta corrupción, la mejor colocada para definir quienes deben combatir a la corrupción? 

Desde Montesquieu, en el siglo XVIII, se dibujó una concepción de la sociedad moderna a través de la separación de poderes. ¿El nuevo modelo político mexicano, nacido de un proceso electoral indiscutible, no reconocerá esta concepción de la sociedad política equilibrada? ¿Seguiremos aplicando los principios que combatía Montesquieu de “L’État c’est moi”? 

Por lo menos, muchos de los dos mexicanos (de cada tres) que no votaron por AMLO tienen esperanzas que la modernización política derrumbará los viejos principios del poder absoluto. Las “benditas redes sociales” que fueron parte importante de la llegada del nuevo régimen, podrían formar parte del juego del contrapeso necesario.