La Taquería

#HojaDeRuta: “El cálculo de Trump hacia noviembre”

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Las elecciones de medio término en noviembre serán definitorias para el equilibrio de poder en Estados Unidos y el futuro político de ese país. Estarán en disputa los 435 escaños de la cámara baja y 35 de los 100 escaños del Senado. También 36 gubernaturas y muchos otros cargos locales.

Por supuesto que la primera lectura del proceso será un referéndum hacia la administración Trump, pero hay mucho más en juego.

En la guía para las elecciones de medio término publicada por Vox bajo la pluma de Andrew Prokop, se sintetiza la relevancia de la elección: “Dependiendo qué tan bien le vaya a los demócratas, el partido podría eliminar la agenda legislativa de los republicanos en el Congreso, obtener nuevos poderes para investigar a la administración Trump, conseguir la potestad de bloquear a nuevos funcionarios propuestos por Trump, aprobar nuevas leyes  con enfoque liberal en varias partes del país y ganar muchos puestos que tendrán poder sobre el proceso de redistritación de 2021″.

Actualmente los republicanos controlan ambas cámaras. Una victoria demócrata en al menos una de ellas pondría un importante freno a Donald Trump y sus políticas, además de que intensificaría el escrutinio desde el Congreso hacia posibles delitos de la actual administración, mismo que hasta ahora ha sido aletargado por los legisladores republicanos. 

Hasta ahora, el escenario de un buen resultado demócrata parece probable: de acuerdo al agregado de encuestas realizado por FiveThirtyEight, el partido opositor encabeza la intención de voto para el Congreso con 47.4%, por 40.6% de los republicanos.

Todo lo que Trump haga o deje de hacer impactará en el camino a noviembre. Por ello el análisis debe versar sobre cuál parece ser la estrategia y cálculo político desde la Casa Blanca y el propio partido republicano, instancias que no siempre parecen estar en la misma sintonía.

De entrada, parece que la estrategia que llevó a Donald Trump a la casa blanca no solo permanece, sino que se ha fortalecido: apelar a una base blanca, conservadora y cristiana con planteamientos extremos apelando a un nacionalismo exacerbado. En otras palabras, Trump ha gobernado casi de manera exclusiva para mantener y solidificar su base. 

Esto explica la mayoría de sus acciones más polémicas: la prohibición a musulmanes de ciertos países a volar hacia EEUU; la cancelación de inversiones norteamericanas en el extranjero y el subsecuente “rescate” simbólico de fuentes de trabajo; la renegociación del TLCAN y el inicio de una guerra comercial con China mediante la escalada de aranceles; la insistencia de obtener presupuesto para construir un muro fronterizo y el ultraje último que significó separar a niños inmigrantes de sus padres e internarlos en centros de detención infantiles.

Todos los caminos llevan a noviembre. La gran pregunta es: ¿A Trump le alcanzará con su base para mantener el control del Congreso y mejorar sus posiciones en gobiernos locales?

El nefasto episodio que ha significado la separación de familias inmigrantes y su detención (cuyas condiciones recuerdan a los campos de concentración de japoneses establecidos en territorio norteamericano, según la propia Laura Bush) fue parte de un cálculo político de Stephen Miller, principal asesor de Donald Trump.

En una pieza para The Atlantic, McKay Coppins señala que Stephen Miller considera la polémica desatada por la política migratoria de Trump parte de la estrategia hacia las elecciones de noviembre: “Tienes un partido que está a favor de fronteras abiertas, y otro que quiere asegurar la frontera. Los norteamericanos se alinearán con el partido que quiere asegurar la frontera, y no por poco margen. Estoy hablando de 90-10%”, declaró Miller en una entrevista el pasado marzo.

Miller considera valioso generar lo que llama “controversias constructivas”, donde el fin no parece ser la persuasión, sino calentar las pasiones. Es a fin de cuentas a través del enojo, la indignación y el miedo como Trump consiguió una victoria que se consideraba impensable.

Bajo la lógica estratégica de mantener y solidificar su base, generando controversias y agudizando la polarización, ser un presidente impopular debe ser parte del cálculo. Sin embargo, la separación de familias y detención de niños en la frontera ha alcanzado niveles históricos de rechazo en la opinión pública norteamericana (los mayores en 30 años, según Chris Warshaw de GWU), además de una condena unánime a nivel global por parte de líderes, organismos internacionales y organizaciones civiles y religiosas.

Aunque la administración Trump trató de defender la nefasta medida con argumentos legaloides (en realidad no hay ninguna ley que obligue a separar familias detenidas por problemas migratorios), culpando a los demócratas e incluso llegando al absurdo de citar pasajes bíblicos para justificarse, finalmente la presión fue demasiada. El presidente norteamericano se vio obligado a ceder y firmó una orden ejecutiva para detener la separación de familiares en la frontera.

Un buen ejemplo es el comunicado recién emitido por American Airlines, donde la compañía se negó a que sus aviones sean usados por el gobierno federal para transportar a niños migrantes separados de sus familias: “No tenemos ningún deseo de ser asociados con la separación de familias, o peor aún, de lucrar con ello”, declaró la aerolínea.

Dos conclusiones: primera, las medidas radicales de Trump que pretenden mantener sólida a su base tienen un límite. Es probable que el escándalo desatado por la separación de familias haya incluso comenzado a causar rechazo entre sus simpatizantes, por lo que se optó por ceder (algo que Trump detesta) para detener el creciente costo político. 

Segunda, el haber detenido la separación de familias y posterior detención de niños no debe ser visto como un triunfo, sino como alarma de cómo se han radicalizado el discurso y las políticas ultra-conservadoras, de manera que este tipo de discusiones, al ser llevadas al extremo, mueven los parámetros de lo que se considera “normal” o “aceptable”.

El camino a noviembre está en marcha, y ahí se determinará si Trump es disminuido, o por el contrario, acrecienta su poder. Esto tendrá enorme impacto para México y la nueva administración federal en la relación bilateral, y para el mundo entero.