La Taquería

PRI: la supervivencia

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Cuando despertó, el dinosaurio seguía ahí, pero moribundo.

La renuncia de Enrique Ochoa y la asunción de René Juárez en la Presidencia Nacional del PRI, no se debe interpretar como un relanzamiento de la campaña de Meade para ganar la presidencia de la república. Más bien, responde a la necesidad del Revolucionario Institucional de sobrevivir al huracán del primero de julio.

No, el PRI no va a desaparecer por más que haya una mayoría que lo festejaría. Al menos no desaparecerá por ahora, pero tiene frente a sí el peor escenario en su historia. Una caída más fuerte que la derrota por primera vez en el año 2000 y aún peor que la debacle provocada por Roberto Madrazo en 2006.

Según un análisis de Consulta Mitofsky, el PRI aspiraría en el mejor de sus escenarios a tener 72 Diputados Federales y 10 senadurías (sin contar plurinominales). En el 2006, año de su peor votación en la historia, llegaron a ambas cámaras con 106 Diputaciones y 33 senadurías. 

Esos escenarios rojos son los que está viendo el PRI con preocupación. La elección presidencial ya no debe ser tema en su agenda. Lo que les toca es sobrevivir al huracán, porque llegar al siguiente gobierno con una representación tan baja (sin contar que este año perderán al menos 8 de las 9 gubernaturas en disputa), pondrán al otrora partido hegemónico en una situación de extinción. 

El dinosaurio ha sabido reinventarse. Lo hicieron en 2012 para ganar de nuevo la presidencia de la república. Pero los tiempos son diferentes. Ante el desprestigio de la marca y el eventual emergimiento de un partido como Morena, parece que no habrá espacio en el grupo de los grandes partidos en el próximo sexenio. 

Al PRI le quedan poco menos de 8 semanas para reencontrarse con sus bases, volver a enamorar a sus priistas, cerrar filas, curar heridas y ponerse el salvavidas, esperando que el Titanic se les hunda pero que todavía queden cimientos para volver a levantarlo.