La Taquería

¿Competencia Política = Ingobernabilidad?

Comparte este artículo:

Este domingo pasado se llevaron a cabo elecciones federales en Italia donde se votó la integración de ambas cámaras (diputados y senadores) y los resultados han generado un ambiente de incertidumbre e inestabilidad política ante la incompatibilidad ideológica de las 3 coaliciones que se repartieron prácticamente todos los votos. Como dato curioso son 630 diputados y 315 senadores, muchísimos más que los que tenemos en México si consideramos además que Italia tiene una población 50% mas chica que la de México). 

El problema de Italia radica en que no se puede conformar un gobierno si no se cuenta con la mayoría y el problema es que los partidos que conforman las coaliciones tienen ideologías y posturas contrarias en casi todos los ámbitos: económico, social, laboral, etc. La Coalición Centroderecha incluye a partidos que se han caracterizado por tener un discurso populista de derecha e inclusive racista haciendo alusión a un Trump italiano combinado con el regreso del polémico expremier Silvio Berlusconi que no pudo competir para presidente por estar inhabilitado por la ley, sino ahora sería el virtual presidente electo. El Movimiento 5 Estrellas de ser un partido inexistente ahora es la segunda fuerza política y es considerado el populismo de izquierda, el Partido Demócrata de ser el partido en el poder pasa a ser 3era fuerza muy lejana de las primeras dos. Pero bueno, uno pudiera pensar que este tipo de cosas solo pasa en Italia, coloquialmente llamado por los internacionalistas como el país de los 64 gobiernos en 70 años pero la realidad es que esta tendencia ni es nueva ni es exclusiva de un país y menos de un continente.

En España pasó algo similar con las elecciones del año pasado donde se rompió el bipartidismo del PP y PSOE al aparecer como fuerzas los partidos Ciudadanos y Podemos que paralizaron la toma de decisiones y orillaron al país a tener un gobierno provisional. Tomemos por ejemplo el caso de nuestro país, México, después de que el INE comenzó a manejar las elecciones en 1997 el PRI perdió la mayoría en el congreso y se intensificó una cada vez mayor competencia política que muchos pensaron traería grandes mejoras para la vida democrática de nuestro país, pero si bien era un cambio inevitable la verdad es que el incremento desmedido de la corrupción no tiene precedentes ni colores, jamás en la historia habíamos visto tantos escándalos, perseguidos y vinculados a procesos relacionados con corrupción, jamás las arcas federales, estatales y municipales habían estado tan sistemáticamente endeudadas ni mucho menos habíamos visto una actitud generalizada donde al no saber si algún día podrán regresar al gobierno deciden abusar del mismo para uso personal al máximo por miedo a no volver.

La guerra sucia en los procesos es más fuerte cada 3 años, en lo personal considero inmaduro y no creo que podamos catalogar a una propuesta populista, como populista o no, López Obrador, Anaya y Meade representan proyectos distintos y merecen tanto sus proyectos como sus perfiles ser estudiados de manera efectiva por la población que podrá escoger entre votar con el hígado o con la cabeza, pensando en el voto útil o  en votar por la opción que más le convenza como marca el deber ser. 

Este problema de ingobernabilidad y falta de confianza en el gobierno aunque si bien se ha venido agravando por el mal uso de las redes sociales no es exclusivo de nuestra época, el partido Nazi de Hitler tuvo menos votos en 1928 que en 1924 y fue gracias a la crisis mundial del jueves negro de 1929 que en 1930 logró convertirse en segunda fuerza y años después tomar el control de Alemania.

En 2016 la grave situación económica de Estados Unidos y el malestar social generado por los efectos de la globalización hicieron factible que un candidato como Trump pudiese ganar. Siempre los tiempos difíciles son la mayor oportunidad para los partidos extremistas y populistas de llegar al poder aprovechando la desesperación de la gente pero tampoco es eso una excusa para concluir que la competencia política solo tiene efectos negativos, al final que tenga esos efectos o no depende de la racionalidad de nosotros los votantes a la hora de votar e interactuar con nuestros gobernantes.