La Taquería

El verdadero peligro para México

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Mucho se pregona el peligro que representaría para el país un eventual triunfo de López Obrador. Algunos analistas y comentócratas se desgarran las vestiduras soltando a bocajarro comparativos de riesgo entre México y países que han caído en desgracia como Venezuela.

Pero el verdadero peligro no es un eventual triunfo de López Obrador. El verdadero peligro es que en estas elecciones se imponga el uso del aparato federal, ya sea a través de la compra y coacción del voto con los programas sociales y el enorme presupuesto público, o a través del uso y abuso de las instituciones para ir en contra de los rivales políticos.

No busco defender a alguien como Ricardo Anaya. Quien ha demostrado ser capaz de traicionar a sus compañeros de partido para ascender al poder, muy probablemente sea una persona capaz de hacer los actos por los que se le pretende imputar.

Lo que sí es un exceso y un verdadero peligro para la incipiente democracia mexicana, es que con el afán de ganar espacios en una elección donde claramente la gente tiene un rechazo hacia ti y lo que representas, el PRI-gobierno es capaz de llegar a los extremos de cazar a un opositor político.

Así es, como lo escuchó, cazar a un opositor político, ¿le parece conocido? Bueno, eso precisamente ha hecho Nicolás Maduro en Venezuela con sus opositores, entre los que se encuentran el célebre Leopoldo López, arrestado en 2014 por instigación pública y asociación para delinquir.

La vehemencia torpe con la que las instituciones federales son utilizadas por un revanchismo político, no hacen otra cosa que poner en peligro lo que hemos ganado en los últimos años. Porque si bien la democracia en México dista de ser perfecta, sí ha tenido avances que vemos en riesgo por el empecinamiento de un grupo que ya no encuentra otra fórmula para mantener el poder.

Aquí en México se persiguen opositores, aquí la violencia está desbordada, aquí la situación económica cada vez es más precaria, aquí se utiliza el presupuesto federal para comprar voluntades en época electoral. ¿Qué más nos falta entonces para convertirnos en países como Venezuela?