La Taquería

Año nuevo, sexenio nuevo

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“Año nuevo, vida nueva”. Probablemente una de las frases más compartidas año con año. Cual mantra, frases de motivación se repiten e inundan las redes sociales y los mensajes personales. La posibilidad de 365 nuevas oportunidades sin duda despierta en nosotros la sensación de empezar de cero y dejar atrás todo aquello que nos lastima y nos refrena.

Planificamos propósitos, priorizamos metas y decimos “Ahora sí”. Sin embargo, antes de la renovación y de las 12 uvas que representan cada uno de los deseos que esperamos realizar en el año entrante, está el “soltar y dejar ir”. Así, año con año buscamos y tratamos de cerrar los ciclos de las situaciones y relaciones que se han encargado de frenar nuestro crecimiento y nuestra prosperidad.

Es aquí donde me pregunto yo: ¿Y si México fuera una persona, qué ciclos tendría que cerrar? ¿Qué es todo eso que debería soltar para poder empezar el año nuevo reforzado y renovado?

Y al igual que nosotros, al igual que quien lleva años aferrado a una relación que los desgasta en todos los sentidos, me atrevería a decir que es momento de que México rompa en definitiva con su relación más larga y más tóxica: el PRI. Una relación que por 70 años se ha encargado de normalizar la corrupción y la impunidad, un partido que, en palabras más, palabras menos “permite que quien llegue a algún puesto piense que está allí para enriquecerse. Para hacer negocios. Para firmar contratos. Para embolsarse partidas secretas. Para otorgar concesiones y recibir algo a cambio”1. No es preciso entrar en detalles, los casos los conocemos todos.

Este año, nuevamente se nos presenta a los mexicanos la mayor oportunidad de todas. La oportunidad de decidir y definir el curso de nuestro país.

Este año no se trata de calzones rojos y remedios chinos, de limpias y amarres en Catemaco o de velas para que no nos afecte el “mercurio retrógrado”. Este año se trata de poner en la agenda los temas que a todas luces no se pueden seguir posponiendo: la inseguridad, la corrupción, las abismales brechas de desigualdad que recorren al país de punta a punta.

Que 2018 no sea un año de consignas, de promesas de campaña y de proselitismo. No dejemos que las elecciones se reduzcan a jingles de candidatos que son nuestros amigos, y spots de candidatos aparentemente políglotas. Aprovechemos los espíritus renovados que trae consigo el año nuevo para hacer las preguntas incómodas, para informarnos de nuestros candidatos, de sus propuestas y de sus planes de acción. Incluyamos en nuestros propósitos de año nuevo ser un ciudadano más activo, más participativo y más propositivo.

Por eso, en estas épocas de reflexión e introspección, los invito a que dentro de nuestras reflexiones se encuentre México, para ver si “ahora sí”.