La Taquería

El Populismo Destruye y no Regenera

La violencia no cesa y la democracia se encuentra secuestrada. Ese es el vivir del día a día en Venezuela, una entidad rica por su gente, su cultura y sus costumbres, sin embargo, se cayeron en excesos, ¿Cuáles excesos? Esos causantes al populismo visceral que golpeó a Latinoamérica y donde lideres “mesiánicos” predicaron con el dogma del odio transversal a la realidad democrática.

El populismo no llegó por alguna casualidad a nuestro entorno, este, se fue educando y ensayando generación tras generación, donde, particularmente se había mantenido un asistencialismo burdo y electoral; logrando así secuestrar la democracia misma.

Pero, ¿Qué es el populismo? En términos concisos es la realización de propuestas atractivas para el pueblo, sin embargo, cuentan con un tinte manipulador y demagógico, siendo este su principal problema.

Estos vicios políticos insípidos se convierten en un riesgo para la democracia  misma, tanto que los líderes populistas logran modificar o adaptar las leyes y constituciones a su beneficio, logrando así apropiarse de la libertad que como derecho es inalienable para cualquier ciudadano.

Lastimosamente en Latinoamérica mantenemos una idiosincrasia de incesante búsqueda por un Mesías, que rápidamente y con menos pesar logre solucionar los problemas del país, creyendo que las masas no se equivocan y otorgándole hasta cierto punto un poder divino.

Creemos que estamos mal por el sistema político que tenemos y no por la clase de ciudadanía que somos.

No cabe duda que el populismo es un riesgo, tanto aquel populista que se considera progresista y aquel que es un poco conservador, aquí no existe derecha o izquierda, ambos arrancan la dignidad, la legalidad, el coraje y la solvencia de las instituciones.

El populismo político significa un riesgo para cualquier forma de gobierno, dado que destruye la integridad propia del Sistema y su pluralidad, además se corre el riesgo de caer en un posible autoritarismo, tal y como ha pasado en otras naciones; Venezuela es un ejemplo claro.

México no debe caer en este tipos de vicios, en el 2018 se tiene una tarea muy importante. La política debe cambiar pero no por un redentor populista.