Nacional, Opinión y análisis

Paranoia: Caja China




Fin de las vacaciones, pero este periodo de descanso no tuvo cabida en la agenda que concierne a la política y a los medios de comunicación. Que, entre días festivos religiosos y asuetos, en una semana la actual administración federal se embelleció con dos noticias que sacudieron y asombraron a más de uno.

La captura de dos exgobernadores de tan finísimo perfil, si de corrupción se está hablando.

El primero, Tomás Yarrington, exgobernador de Tamaulipas, priista hasta su expulsión en 2012, deslindándose –el partido– de Yarrington debido a las acusaciones de las presuntas anexiones con el narcotráfico, capturado en Italia el 9 del mes y año presente y con aún un proceso de extradición y destino inciertos.

Y el segundo, Javier Duarte, exgobernador de Veracruz, igualmente priista hasta que el mismo partido dictaminó su destitución el año pasado, por “falta de probidad”, palabras que se quedaron cortas a la verdadera situación de desfalco que dejo al estado.

Ambos de la misma camaradería del presidente Enrique Peña Nieto, mostrándose afín a ellos en los inicios de sus respectivas gubernaturas, pero que en este momento tanto él como el PRI hace lo que sea por lavarse las manos de la antigua correlación que mantenían. De colegas a prófugos de la justicia, enemigos públicos, y chivos expiatorios del partido.

Dos noticias que sin conocer el contexto en el que se encuentra la política mexicana hablaría de un logro sin lugar a dudas.

Pero el ciudadano mexicano ha caído en una total incredulidad hacia cualquier noticia que se le presente en el día a día del país y su política, por una parte, la falta de confianza hacía con las instituciones, sea cual fuere y, por otra parte, un poco de paranoia social.

Sí, paranoia social, es decir, cualquier noticia por buena que fuese siempre será impregnada con una doble intención oculta para mantener enajenada y mal informada a la sociedad, noticias que distraen el foco público de situaciones de delicada índole.

Acontecimientos creados por el mismo gobierno para despistar a las masas y, por consiguiente, su manipulación cuya finalidad normalmente recae en asuntos electorales.

Podría afirmar que en este país no existen las buenas noticias, porque cada una de ellas siempre esconderá una maquiavélica, falsa y mal intencionada acción. Una aseveración un tanto dramática que bien puede ser tomada como cualquier otra teoría conspirativa donde internet está más que plagada de este tipo de historias.

Así que me gustaría concluir con un poco menos de paranoia y darles cabida a las buenas intenciones de gente buena que, en mi parecer, aún existen en este mundo, sin desmeritar las buenas acciones que estas pocas personas están creando para tener un mejor país. Sin defender a nadie, ni partidos, ni mandatarios o servidores públicos, solamente dejando de lado esa manía por desacreditar toda noticia donde la única razón de su existencia proviene de ser una caja china.

Siempre será mejor que si alguien quiere realmente mantenerse interesado por los acontecimientos del país, este se informará bien, comparará noticias comprobando su veracidad y sin dejarse llevar por temas amarillistas y falsas noticas, cuestionará las fuentes y dará espacio a la desconfianza hasta rectificar una noticia como verdadera o falsa. Sin distribuirla solo por alentar esta paranoia y desacreditar al gobierno.

Una sociedad bien informada no es manipulable y seguir con esta paranoia social no beneficia a nadie. Si no queremos ser títeres de un gobierno vil seamos nosotros los que pongamos alto a esta demencia informativa e informémonos con historias verdaderas.




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