Nacional, Opinión y análisis

AMLO y el Estado de México, ¿será posible?

En los últimos años los mexicanos hemos sido testigos de la paulatina, y algo lenta, democratización política, es decir, en un proceso que comenzó hace ya varias décadas de pluralidad partidista hasta el día de hoy que vemos cambios políticos sin precedentes, el partido único, el PRI y su hegemonía absoluta en el territorio nacional han sufrido fuertes golpes electorales, al grado de poner en duda hasta el más experto analista político al dar una predicción acertada del ganador en cualquier tipo de elección.

Cada día es más difícil presagiar el resultado de una elección política debido a cuestiones multifactoriales que han demostrado afectar el resultado por la mínima diferencia porcentual. Sin embargo, tenemos que aceptar que existen municipios, distritos o estados donde el dominio de un partido sobre la preferencia del electorado es clara e incondicional.

Tal es el caso del Estado de México una de las pocas entidades donde no ha habido alternancia política alguna desde que se consolidó el sistema político moderno en el país.

La influencia y poderío que ha caracterizado la prevalencia de un solo partido en esa entidad federativa ha quedado para la historia e inclusive ha sido como preámbulo político de gran cantidad de funcionarios que ven su estancia en la entidad como catapulta hacia las grandes ligas, por nombrar a alguien, el actual presidente Enrique Peña Nieto, anteriormente gobernador del Estado de México y en la actualidad, presidente de la república.




Este año es el turno del estado de renovar a sus representantes, empieza la cuenta regresiva de dos meses de una guerra sucia campal -que llevan en la psique social mucho antes de lo autorizado- y una pizca de lo que nos espera a nivel nacional en el 2018, pero las piezas parecieran jugarle en contra al partido dominante, la ya muy desprestigiada imagen de la institución en los tres niveles de gobierno, encuestas que aseveran un virtual ganador, mientras otras nombran a la contienda como la más reñida nunca antes vista en la entidad y el impetuoso deseo por parte de la población por una alternativa diferente son obstáculos que nadan contracorriente del partido. El PRI la tiene difícil, por no decir perdida la elección.

Sin embargo, la pérdida de un bastión priista como lo es Edomex, porta una cantidad de vicisitudes que ponen en jaque no solo no poder gobernar la entidad por seis años más, sino arriesgan dejar ir la mayor fuente de aportación de votos y contribución presupuestal que llegan a las barcas del partido.

Así que este escrito se basa principalmente en el siguiente cuestionamiento y que del cual derivan muchos más y cuyas respuestas solo serán descubiertas con el paso del tiempo, ¿cuáles serían las consecuencias si el PRI por primera vez perdiese la gubernatura de Edomex?




Y si de ser el caso, los cuestionamientos se multiplican, ¿la alternancia inclinaría hacia la candidata del PAN o a la de MORENA?, ¿Cuan parecido será esta contienda electoral con lo propio en el 2018?, ¿La pérdida del Edomex es prueba irrefutable de la derrota en la elección presidencial?, ¿El PRI se desmorona poco a poco dejando de figurar como primera fuerza? ¿Cómo será el accionar de él o la candidata que gane, no priista, sin las estructuras organizativas con las que cuenta la actual administración? ¿Perder Edomex implica que su invicto electoral tiene fecha de caducidad en otros estados?, ¿El voto duro como el de estados de esta índole ya no impactan en elecciones? Un sinfín de preguntas y lo que nos espera.

Y, por último, pero una de las más importantes ¿qué posibilidad existe de que sea la candidata Delfina Gómez la vencedora?

Es posible que el PRI haya dado por sentado su fracaso en las elecciones presidenciales y repetir lo ya ocurrido en el año 2000, entregar la silla presidencial, pero arriesgarse a perder Estado de México es manifestar una rotunda e innegable fragmentación institucional y dejar a la postre flaquezas y debilidades que bien serán aprovechadas por los otros partidos.

Andrés Manuel López Obrador esta consciente, más que nadie, de esto y asegurar su primer triunfo a nivel estatal, y no hablamos de cualquiera entidad, aporta de manera inmensurable beneficios a su plan por vencer en su tercer intento por la presidencia.

No cabe duda que la incertidumbre está a la orden del día y la moneda ya está en el aire por lo que intentar darle respuesta a las preguntas que surgen al examinar los distintos escenarios es muy osado hasta para el más especializado analista. Mucho está en juego y poco a poco somos testigos de grandes hazañas electorales en donde los resultados han dejado boquiabiertos a más de uno y contradiciendo cualquier lógica o sentido común.

La era de los antisistemas, los cambios políticos de 180 grados y de resultados totalmente inesperados están siendo la expresión de una sociedad hastiada de la forma en como sus líderes los han gobernado en los últimos años. Y México no es la excepción.

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