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El Sistema Penitenciario. El problema que todos vemos y del que no se hace nada al respecto

El Estado de Nuevo León cuenta con 3 centros penitenciarios, a saber: el Penal de Topo Chico (Centro Preventivo de Reinserción Social, CE.PRE.RE.SO); así como los penales de Apodaca y Cadereyta (Centros de Reinserción Social, CE.RE.SO), en los cuales, todos han sido foco de atención no por sus políticas de reinserción y tratamiento penitenciario, sino por ser escenarios de violencia entre sus internos.

El día de ayer, una pelea por el control del centro penitenciario de Topo Chico dejó un saldo de 49 internos sin vida y 12 heridos de gravedad.

El día de ayer, una pelea por el control del centro penitenciario de Topo Chico dejó un saldo de 49 internos sin vida y 12 heridos de gravedad. No es el único hecho de violencia; en 2012, en el Penal de Apodaca ocurrió uno similar con 44 muertos y la fuga de 29 internos.

El Estado, a sabiendas de la deficiente y precaria infraestructura penitenciaria, continúa privilegiando la pena draconiana de prisión sobre las otras alternativas penales (como ya se había mencionado), lo que genera un hacinamiento dentro de las instituciones penitenciarias.

Entre los tres centros penitenciarios, se tiene un 50 por ciento de sobrepoblación y un déficit del 65 por ciento en custodios.

Datos con lo que se cuenta, señalan que el Penal del Topo Chico presentaba hasta hace algunos meses una sobrepoblación aproximada de 24.25 pro ciento, mientras que Apodaca y Cadereyta registraban una sobrepoblación de 27.79 y 51.45 por ciento, respectivamente. Asimismo, entre los tres centros penitenciarios, se tiene un 50 por ciento de sobrepoblación y un déficit del 65 por ciento en custodios.

Pero el hacinamiento, si bien es uno de los factores más relevantes, no es el único.

El autogobierno que tienen las prisiones por parte de los internos, y donde el Gobierno del Estado ha señalado que efectivamente no tienen el control al 100 por ciento de las instituciones, produce que estos sean considerados una “bomba de tiempo”.

El autogobierno que tienen las prisiones por parte de los internos, y donde el Gobierno del Estado ha señalado que efectivamente no tienen el control al 100 por ciento de las instituciones, produce que estos sean considerados una “bomba de tiempo”.

El Penal de Topo Chico como el de Apodaca cuentan con un autogobierno por parte del grupo de los zetas, mientras que el de Cadereyta podría considerarse que está bajo control del Gobierno del Estado, debido a que este es considerado como la institución “más tranquila” del Estado.

¿La solución está en construir otro centro penitenciario como el que se tenía proyectado en el municipio de Mina? No. La solución está en poner orden y control en las instituciones penitenciarias, en cumplir el traslado de internos del fuero federal a instalaciones que puedan albergar este tipo de internos y a reforzar el sistema penitenciario como tal, considerado el pattit

Es común, para aquellos quienes han entrado a los centros penitenciarios, ver en el Penal de Topo Chico caminar a internos de un lado a otro en los pasillos y en los patios, teniendo áreas donde la autoridad no interviene por temor a agresiones.
El penal de Apodaca no se queda atrás. Son muchos los rumores (que podrán ser ciertos… o no) sobre las fiestas, excesos y permisos que disfrutaban los internos, quienes tenían el control del centro penitenciario.

¿Cuál ha sido la constante entre los brotes de violencia en los centros penitenciarios? El control del mismo, entre los grupos de la delincuencia organizada.

Si la autoridad no se mete de lleno a poner orden en los centros penitenciarios, cada vez será más común este tipo de hechos.

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