La Taquería

La relajación política en su máxima expresión

El día de ayer fue anunciado que los integrantes de la Cámara de Diputados de nuestro país llegó a un acuerdo que consideraron justo dada la fuerte carga de trabajo a la que se ha enfrentado, sobre todo por el tema del gran número de iniciativas de ley presentadas. La resolución: trabajar un día más a la semana. Marko Cortés Mendoza, coordinador de la fracción panista de la Cámara, declaró que además de las sesiones preestablecidas los días martes y jueves, los días miércoles también se laborará, dedicando este día exclusivamente a la revisión de las iniciativas de ley.

¿Por qué algo como esto no se había propuesto antes? ¿Qué había hecho falta para detectar la evidente falta de tiempo disponible dada la altísima carga de trabajo? ¿Será por esto que muchos proyectos de ley no logran materializarse?

Me atrevería a decir que por la mente de más de una persona acaba de pasar un pensamiento que contiene alguna de las siguientes palabras: “sinvergüenzas”, “flojos” (o algún sinónimo más fuerte), “increíble”; frases como “qué descaro” y preguntas como “¿es en serio?”, “¿pues qué tanto hacen?” y otras tantas más. Naturalmente, y para no únicamente generar un argumento lleno de negatividad, considero que debemos de darle algún tipo de crédito a nuestros legisladores, pues esta iniciativa (de alguna manera) es justificable. La pregunta es: ¿por qué algo como esto no se había propuesto antes? ¿Qué había hecho falta para detectar la evidente falta de tiempo disponible dada la altísima carga de trabajo? ¿Será por esto que muchos proyectos de ley no logran materializarse?

Quienes fungen como legisladores actualmente no se dedican únicamente a esta función: hay algunos que son investigadores, otros dan cátedra, y alguno que otro realizará alguna otra actividad en el resto de los días (conferencias, impartir talleres, etc.). Lo que verdaderamente causa impresión es cuando hacemos un comparativo con su situación y la nuestra, pues algo me dice que los sueldos y los horarios probablemente no son proporcionales al tipo de actividad o el perfil requerido. ¿Cómo sería nuestro México si contáramos con funcionarios comprometidos las veinticuatro horas del día con su país?

Recuerdo que hace unos meses algunos diputados y candidatos a puestos políticos plantearon en sus campañas que trabajarían duro por nuestros intereses y que estaban enteramente comprometidos con su país y su nuevo cargo. En el caso de NL, recuerdo al ahora diputado Samuel García hablando de este tema y exponiendo los motivos por los cuales él no aceptaría el pago completo de su sueldo, exhibiendo a su vez la débil correlación entre los sueldos y los horarios de trabajo de los legisladores. De igual manera recuerdo la promesa de Fernando Elizondo, quien nos cautivó al anunciar que donaría íntegramente su sueldo a otros menesteres y no lo dejaría en su cuenta bancaria.

Mi misma ética me impide premiar a alguien que pregona una mejora en el cumplimiento de sus obligaciones cuando éstas, precisamente, deberían ser sus únicas preocupaciones.

Me encantaría decir que aplaudo la medida que se toma en la Cámara de Diputados. Me encantaría decir que con este tipo de acciones verdaderamente se logrará el cambio que el país necesita. Me encantaría, pero no puedo, y si no puedo es porque mi misma ética me impide premiar a alguien que pregona una mejora en el cumplimiento de sus obligaciones cuando éstas, precisamente, deberían ser sus únicas preocupaciones. Dejemos el reconocimiento y las palmadas en la espalda para el final de la legislatura, que es cuando deben entregarse: a quien no cumple mínimamente con sus obligaciones, no se le debe premiar.

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